Árbol del desierto

Árbol del desierto
A quien amas, dale alas para volar, raíces para volver y motivos para quedarse. - Dalai Lama

Tuesday, October 20, 2015

El círculo vicioso

El 3 de octubre cumplí un año de vivir en el nuevo destino que ya dejó de ser nuevo. Me siento adaptada al lugar. En cierta forma tranquila. He logrado crear una rutina que ha contribuido a mi paz interior. Ya conozco mejor el ambiente que me rodea así que evito al máximo situaciones de conflicto. Ya sé dónde se compran las cosas que necesito. Sé cómo moverme por las calles y conozco las direcciones. Conozco más gente y he hecho amigos. Manejo mejor el idioma y lo que se espera a la hora de vestirse, hablar, comportarse. 

Ya no soy ajena a mi entorno, hasta cierta forma me siento parte de esta ciudad y de este país. Ya tengo una casa para llamar hogar, sentirme cómoda, conocerla mejor. El sentimiento de pertenencia crece cada día.

Me tomó un año.

Ha sido un año difícil, de confrontarme al igual que a la sociedad de la que por ahora formo parte. Ahora veo más claramente los cambios en mí y en mi percepción hacia esta vida expat.

Así como la tierra tarda un año en darle la vuelta al sol, como se ve claramente que empieza y termina el ciclo de la naturaleza, veo el ciclo de la adaptación. Así me siento ahora, como si el ciclo del inicio turbulento se terminara y llegara la tranquilidad, la rutina, el flujo normal de la vida.

Pero llegar aquí no ha sido para nada fácil. Se ha necesitado invertir mucha energía y empeño para adaptarse. Es que, es adaptarse a una nueva vida, cultura, ciudad, país, trabajo, colegio, gente, idioma, tradiciones, cultura, sociedad, clima. Es conocer gente y hacer amigos. Es buscar una casa, un carro, un trabajo; es construir buenas relaciones con vecinos, amigos y empleados. Es arreglar una casa para sentirla hogar. Es hacer que todo funcione como venía funcionando en otro ambiente. 

Es empezar de nuevo. 

Y se logra. De alguna forma se logra con mucho esfuerzo y eso se ve después de un año. Para algunos el proceso de asentamiento toma seis meses, para otros no menos de 12.
Y no estoy sola con esta apreciación. Lo he oído en muchísimos expats que dicen que el primer año es difícil porque es el de acostumbrarse y que luego de esa adaptación se empieza a disfrutar el nuevo post.

Pero en la vida expat, una vez se está adaptado, es la hora de marcharse. Y ahí es cuando se repite el ciclo de la inestabilidad, el movimiento, lo desconocido, conocer, esforzarse en invertir energía otra vez en lo mismo, lograrlo, adaptarse e irse. 

¿Hasta cuándo? 

Siento que hay que ponerle punto final al ciclo porque este ciclo tiene la característica de convertirse en un círculo vicioso.

  

Tuesday, September 15, 2015

El odioso término de ser solamente un acompañante

Trailing spouses es el término como se conoce en inglés a quienes siguen a sus esposos a otro país o ciudad por cuestiones laborales. Generalmente está asociado con la vida expat –embajadas, universidades organismos, empresas privadas y colegios internacionales- pero también a nivel nacional en puestos de militares, gobierno y multinacionales.

Trail es un sustantivo que significa cola, estela, etc. la forma verbal habla de arrastrar, seguir la pista de, seguir el rastro de.

Primero tengo que decir que el término trailing spouse me suena odioso porque para mí denota a alguien que se convierte en un apéndice, alguien que sigue a su compañero a ciegas, como un pájaro que sigue un camino picando migajas de pan.

Trailing spouse lo asocio con el Hash que deja trails (marcas) para que los corredores o caminantes sigan una vía. A diferencia del Hash donde encontrar el camino es divertido y uno pasa genial siguiendo papelitos que lo llevan por parajes inimaginables y finalmente a su destino que es encontrarse con el grupo, el término en un esposo (que por lo general es una esposa) suena como un lastre.

De hecho, desde que fue nombrado por primera vez en los 80, el término trailing spouse -en español el que sigue a su pareja-, abrió un debate en torno a él, que hoy 30 años después cobra aún más vigencia con el papel activo de la mujer en el mundo laboral. Ya el papel exclusivo de la mujer como mamá y ama de casa está revaluado. A estas alturas de la vida, el término resulta anticuado y ofensivo. Una mujer se mueve en diferentes mundos: trabajo, hogar, maternidad, entre otros.

Escribo esto y ya siento cómo me tiemblan las manos de la pasión con la que tecleo. Es que, aunque lo niegue, yo soy una trailing spouse y me siento mal al saber que formo parte de esa categoría. Sin embargo, entre más leo sobre el tema, hablo con gente cercana y en general observo mi entorno, me reconforta saber que no soy la única que se molesta con la expresión ni tampoco la única que siente sus efectos.

De hecho, hay una condición sicológica llamada El síndrome del que sigue a su pareja. Está definido como el efecto que causa el traslado y asentamiento en otro lugar a alguien que sigue a su pareja por motivos laborales.

Algunos efectos:

Parte laboral y profesional: Dificultades asociadas a conseguir un trabajo cuando está recién llegado y no conoce ni siquiera su entorno, sumado a que crear una red social y darse a conocer personal y laboralmente toma tiempo. Por último, por cuestiones de visa, en muchos países no está permitido trabajar. Muchos, cuando por fin consiguen un trabajo, deben abandonarlo todo otra vez para moverse al próximo post.

Asuntos familiares: Estrés en la familia causado por factores culturales, sociales y financieros que influyen en la relación personal entre sus miembros. Pérdida de comunidad y sensación de vacío al dejar atrás familiares y amigos.

Barreras en la movilidad: La disposición del acompañante y/o los miembros de la familia de reubicarse. También, el poco apoyo por parte de la oficina del que trabaja hacia las necesidades del acompañante.

Retos de la vida diaria: Dificultades asociadas a encontrar un buen trabajo u otra actividad significativa y mantenerlos.

Pérdida de identidad: Conflictos asociados con la pérdida de identidad y luego reinventarse en un nuevo ambiente.
Este último apartado es particularmente difícil porque en el nuevo lugar se deja de ser un individuo que tiene logros, prestigio laboral, para pasar a ser únicamente la esposa de, la mamá de. Esto crea fuertes conflictos internos. Volver a su identidad individual toma tiempo y esfuerzo para darse a conocer como alguien autónomo.

Alguien me hizo un comentario sobre este blog diciendo que “[este blog] pareciera escrito desde otro lugar pues habla más de identidad que los anteriores, la identidad que ud y su familia han venido construyendo estos años y eso lo hace interesante”.

Yo agregaría que es la identidad que recuperé y lucho cada día por mantener. Una identidad que no sólo se construye, se refuerza y, la que valoro muchísimo.


El objetivo de este blog era precisamente ver desde una óptica más objetiva el mundo expat sin las anécdotas de los lugares de residencia que nutrían mis primeros textos y divertían a mis amigos y familiares. En ese momento la vida expat estaba llena de aventuras nuevas que me divertían por ser tan inusuales. 

Pero ya que eso se ha convertido en un estilo de vida, ha perdido la gracia y es lo que reflejan mis palabras en este blog. Ahora que deconstruyo este estilo de vida (que elegí por mi propia decisión, es cierto, pero al que he visto sus consecuencias negativas solamente en el camino) lo veo sin apasionamientos, y lo veo como eso, un estilo de vida que no quiero seguir más. 

Monday, September 07, 2015

El esposo viajero

Este blog empezó hace más o menos tres meses con la idea de hablar de cómo es la vida expat desde una perspectiva interna, o sea la mía. Una mujer que vive hace casi una década fuera de su país de origen, cambiado de lugar de residencia cinco veces, cargando con dos hijos, un esposo y una casa a cuestas. 

Una mujer que en nueve años ha tratado intensamente de acomodarse a una nueva vida –¡acomodándose!-, buscado trabajo –¡encontrándolo!-, y teniendo que marcharse para repetir el proceso una y otra vez. De verdad que esta vida de expat a veces se siente como un continuo  déjà vu.

Encontré la coyuntura perfecta para hablar de un tema que me toca a diario y es el de la esposa acompañante.

Hace poco, Internations, una comunidad de expatriados con casi dos millones de miembros, presencia en 390 ciudades del mundo y referente obligado de los internacionales en el exterior, publicó su encuesta anual sobre temas relacionados con los expats: lugares favoritos de residencia, condiciones de los países en los que están, ranking de mejores y peores destinos para vivir, etc. 

Este año, al igual que el pasado, discriminó los resultados entre hombres y mujeres, y ahora creó una categoría para los esposos que siguen a sus compañeros (trailing spouses en inglés) que llamaron esposos viajeros.

En la encuesta participaron 14.400 expats que viven en 64 países. El 84% de los encuestados del grupo Esposo viajero correspondió a mujeres. Los países típicos de residencia fueron Singapour, Luxemburgo, Kenia, Hong Kong y Mozambique.

Los resultados del apartado son sorprendentes, de algún modo, porque la encuesta desglosa y respalda con números lo que percibo a diario en la comunidad, que he visto en gente cercana y sentido personalmente: que el grupo es uno de los más descontentos y el que tiene momentos muy difíciles en la vida internacional.

Aquí algunos datos de la encuesta:

34%
47%
20%
18%
18%
60%
De los esposos viajeros cría a sus hijos en el exterior.
Tiene posgrado o PhD.
Es amo de casa o padre/madre que se queda en la casa.
Está buscando trabajo.
Trabaja medio tiempo.
Encontró difícil renunciar a su carrera.

36%
65%
El ingreso anual familiar de USD100.000 o más.
Le disgusta ser económicamente dependiente de su pareja.

15%
50%
45%
Ha vivido en cuatro o más países.
No habla el idioma del lugar o un solo un poco.
La mayoría de sus amigos son otros expatriados.



Es interesante ver que casi el 50% de los esposos viajeros tiene estudios de posgrado o doctorado pero un gran porcentaje se queda en la casa o está buscando un trabajo. Es que encontrar un trabajo es difícil en el exterior porque en muchos países hay restricciones de trabajo en la visa. Recuerdo que en Kenia, por ejemplo, la ley claramente decía que un extranjero podía tener un cargo siempre y cuando un nacional no fuera capaz de llevarlo a cabo.

Por esto, es común ver expats trabajando en ONGs, organismos internacionales y como voluntarios. Estos trabajos diseñados para extranjeros son muy competidos porque son contados con los dedos de una mano y muchas veces se llega a ellos sólo por recomendación o correo de voz y no por algún medio formal.

Se tiende a romantizar la vida de expat. Se cree que es una vida de lujos, viajes, rodeada de paisajes exóticos y con aventuras a diario. Se piensa algo así como una Karen Blixen viviendo en las sabanas kenianas y conviviendo con animales y comunidades salvajes y quien su príncipe azul visita en avioneta. O en los diarios de Macarroni de Marco Polo, o los escritos de todos esos viajeros que recorrieron el mundo y de vuelta a sus lugares de residencia fueron recibidos con admiración. 

Pues, sí y no. La vida expat sí tiene ciertos tintes visibles de esos pero hay también otros como el alto costo emocional (personal, familiar y laboral, entre otros) que no son tan visibles y por lo tanto de los que sólo se habla en privado.

En el próximo post escribiré sobre el esposo viajero. En ese post, lo llamaré sin eufemismos  el/la que sigue a su pareja, el trailing spouse en otras palabras. 

Monday, August 24, 2015

¿Realmente vacaciones?

Casi dos meses sin publicar en el blog. La razón está muy ligada con la vida expat y es la de pasar vacaciones en, donde muchos expatriados llaman hogar, que para muchos otros es la tierra de origen. En nuestra familia de cuatro, no llamamos hogar los países de dónde venimos. Llamamos hogar nuestra casa donde residimos, el país de turno que sea, con nuestras cosas, nuestros muebles, nuestras rutinas, eso es lo que para nosotros es hogar.

Aquí voy a abrir un paréntesis para explicar que mi esposo y yo somos de países diferentes, así que los niños pertenecen literalmente al grupo denominado Los niños de la tercera cultura (Third Culture Kids, TCK). Por lo tanto, la idea de hogar como el país de origen no se aplica a nosotros. Yo soy latina y él europeo. El sentido de pertenencia a mi cultura, mi familia, mi círculo es muy fuerte. Tengo clara mi identidad del país en el que nací y crecí durante 30 años. Mi esposo siente lo mismo del suyo. Así que no les imponemos este pensamiento a nuestros hijos, que han vivido en cuatro países el 95 por ciento de sus vidas.

Por más de que les hayamos inculcado que vienen de los dos países de sus padres y que cada vez que viajamos se sientan parte de ellos -porque se adaptan rápido, tienen fuertes lazos con las familias y amigos-, ellos no han vivido lo suficiente como para identificarse plenamente con un territorio. Hemos vivido en África seis años y en Asia, tres, lo que los ha influenciado mucho. Tienen un vínculo muy fuerte con los países, especialmente con Nepal porque ha sido más reciente. En su corazón sienten (sentimos) un cariño especial por Uganda, Kenia, Sudán y Nepal, pero tienen claro que no son de allá (de acá). Ellos dicen que son de los países donde el papá y la mamá nacieron. La explicación del mayor de 12 años es que uno es de donde son los papás. Vamos a ver qué pensará en unos años cuando su identidad esté más definida.

He conocido niños que niegan su lugar de origen y dicen que son de donde viven. Por otro lado, también he conocido lo opuesto. La hija de seis años de unos amigos cercanos nació en Estados Unidos, sus papás son cada uno de diferente país, y la niña está orgullosa de ser estadounidense. En el Día Internacional en el colegio, despliega satisfecha la bandera de EUA.

Los colegios internacionales promueven la identidad cultural y alientan a los niños a sentirse orgullosos de sus raíces ese Día. Una familia multiculti que conocí llegó esa ocasión así: hijo mayor con la camiseta de Angola, hija mayor con vestido colombiano, hijo del medio con los colores de la bandera alemana pintados en la cara e, hijo menor con camiseta portuguesa. Todos se sentían parte de ese lugar bien sea porque habían nacido ahí, vivido años, tenían amigos o familiares o era el lugar de origen de sus papás. Una verdadera muestra de la coexistencia de diferentes culturas bajo un mismo techo.

Así que pasamos dos meses y medio en nuestros países de origen (a los que amamos) pasando mucho tiempo con familia y amigos, lo más importante para nosotros. Sin embargo, la estadía no se llama técnicamente vacaciones porque la mayoría del tiempo estuvimos ocupados con vueltas de bancos, revisiones médicas, tratamientos médicos, citas a oficinas, etc. Así que una parte del tiempo que se usa en las vacaciones de los expats, está programado para ese tipo de logísticas.

La verdad, yo no me puedo quejar, porque entre cita y cita pude estar con los que más quiero y son más importantes para mí. Además, los niños mejoran los idiomas que saben y que no practican tanto cuando están en su hogar.

Tuesday, June 09, 2015

¿Migrante o expat?

Hay varios términos relacionados con la vida en el extranjero: expatriado (y su forma corta expat), migrante, emigrante y refugiado entre otros. Aunque en el fondo todos se reducen a la salida del país de origen para asentarse en otro, cada término tiene una connotación diferente.

La Organización Internacional de Migraciones (OIM) define en su página web los términos claves de migraciónEntre ellos hay algunos mencionados anteriormente y otros más como apátrida, cooperación técnica, desplazados internos, fuga de cerebros, ganancia de cerebros, migración forzosa, remesa, repatriación y xenofobia, de los que hablaré más adelante.

Emigración lo define como el acto de salir de un Estado para asentarse en otro. “Las normas internacionales de derechos humanos establecen el derecho de toda persona de salir de cualquier país, incluido el suyo. Sólo en determinadas circunstancias, el Estado puede imponer restricciones a este derecho”.

Migración es el término genérico que describe el “movimiento de personas en el que se observa la coacción, incluyendo la amenaza a la vida y su subsistencia, bien sea por causas naturales o humanas”.

Refugiado  es una persona perseguida por su raza, religión, grupo social, afinidad política o nacionalidad que sale de su país y que no pueda o no quiera regresar a su país de origen.

La OIM no habla de expatriado específicamente. Fuentes consultadas lo definen como una persona que vive temporal o permanente en otro país diferente del de origen.

Un profesional calificado que sale de su país con un contrato de trabajo en el exterior se llama expat. Mientras que una persona que se traslada a otro país –generalmente dejando en su lugar de origen a la familia- para trabajar en un puesto poco calificado se llama migrante. Sin embargo, como no hay una sola definición del término, una persona que es vista desde su país de origen como expat puede ser percibida como inmigrante en el país anfitrión.

Por ejemplo, en Nepal, hay muchos expats que trabajan sobre todo en embajadas, ONGs, colegios, hoteles y en menor cantidad en empresas locales. Ellos vienen generalmente de Europa y Norte América. Hay pocos de Latinoamérica, África y otros países asiáticos exceptuando India, de lo que hay muchos. 

Hay alrededor de tres millones de nepalíes en el exterior, de ellos se calcula que el 95% trabaja en los países del Golfo Pérsico desempeñando trabajos poco calificados y aún menos remunerados. Sin embargo, pese a sus bajos salarios, las remesas que envían representan alrededor de un cuarto del PIB en Nepal. Muchos trabajan en construcción, celaduría, jardinería, son choferes y/o empleados domésticos, entre otros. Ellos no se llaman expats, ellos se llaman migrantes y para ser específicos migrantes manuales.

Según Finaccord, la empresa de marketing, el número total de expatriados en el mundo ascendió a 50.5 millones en 2013. Además que la población de expats comparada con la de inmigrantes creció 21.2% en el 2009 comparado con 21.8% en 2013.

La empresa continúa con el análisis y clasificó los expats en trabajadores individuales (73.6%) seguidos de estudiantes (8.8%), expats pensionados (3.7%) y aquellos a quienes sus empresas trasladaron (1%). Otros expats definidos en el estudio como esposos desempleados y niños (12.8%).


El tema de migraciones me apasiona y eso lo quiero reflejar en este blog también. La literatura tocando temas de traslados, asentamientos y conflictos interiores es numerosa y las historias llegan al corazón. Ese será otro tema a tratar…

Tuesday, May 26, 2015

El relativismo

Como lo dije en el post anterior, la vida en el exterior, especialmente si se cambia de destino tan seguido –como yo lo he hecho-, promueve el relativismo.

El relativismo es un concepto filosófico que sostiene básicamente que todos los puntos de vista son igualmente válidos, que no existe una verdad ni validez universal, y que toda verdad es relativa al individuo.

Superficialmente el relativismo puede parecer bueno. Bueno cuando se valoran diferentes culturas y se está en contra del absolutismo, el etnocentrismo y el universalismo cultural. Bueno cuando se entiende que no hay culturas superiores a otras, que hay formas diferentes y muy válidas de ver el mundo, de hacer las cosas. Bueno cuando se fortalece el respeto y la tolerancia por la diferencia.

Bueno cuando es lo que el antropólogo Franz Boas definió como el relativismo cultural. Esa teoría basada en el concepto de que todos los sistemas culturales son esencialmente iguales en cuanto a su valoración; y que las diferencias entre distintas sociedades surgen como resultado de sus propias condiciones históricas, sociales y/o geográficas.

Hasta cierto punto el relativismo es bueno.

En esta vida de expat se oyen a menudo frases relacionadas con el relativismo y el concepto es fácil de incorporarlo en la propia vida. “Tu verdad no es necesariamente mi verdad”, “no se puede/debe juzgar al otro”, “el que sea libre de pecado que tire la primera piedra”, “todo depende”, “en esta vida todo es relativo”. Al conocer tanto, tantas formas de vida, tantas mentalidades, tantas formas de hacer las cosas llega un momento en que no hay un piso común donde todos estamos de acuerdo con lo que está bien y lo que está mal (aquí no toco temas como matar o robar).

Así por ejemplo, escupir en la calle está mal para mí pero bien para los habitantes del lugar X que limpian su aparato respiratorio en sitios públicos. La desigualdad entre hombres y mujeres está mal para mí pero los que viven en el lugar Y dicen que la discriminación es una forma de proteger a la mujer de trabajos arduos. Botar basura en la calle está mal para mí pero botarla en una ciudad sucia no es grave, igual para eso se pagan impuestos, dicen.

Es cierto que la vida expat le abre a uno muchísimo la mente, le da la opción de no sólo viajar sino adentrarse en la cotidianidad de culturas tan diferentes. Pero también, esa misma amplitud genera un piso falso donde pararse. Ese piso que ha sido construido con las creencias y valores a lo largo de su vida en una sociedad, de pronto deja de ser tan firme y ya no se comparte con los que lo rodean. Darse cuenta de que la verdad con la que uno creció no se aplica necesariamente en todos los casos puede resultar frustrante y confrontar sus propios valores constantemente. Es como no hablar el mismo idioma todo el tiempo. No entenderse.

Esto ciertamente crea conflictos porque fácilmente se incorpora la mentalidad de que en la vida todo es válido, para qué creer que algo está bien si nadie más lo respeta entonces yo lo hago también.

El mismo Platón criticó el relativismo por sus consecuencias en el plano ético y político -haría imposible saber qué está bien, mal, qué es justo, injusto, etc.- y además, haría imposible alcanzar el conocimiento.


Y eso hay que tenerlo muy presente cuando uno es expat. Hay que tener valores muy fuertes para creer que no todo es válido y que sí existe el bien y el mal. Y ser lo suficientemente firmes para no dejarse llevar por la corriente de otras prácticas.

Monday, May 25, 2015

Las historias que trae la vida expat

Una de las cosas positivas que tiene la vida de expat es la cantidad de gente que uno conoce y el privilegio de conocer sus historias de primera mano. Es que la comunidad expat abarca, literalmente, todo el mundo. Por eso, deja de ser exótico conocer gente de lugares tan apartados del propio país.

Hace poco hablé con Janine (no es su nombre real) y me contó que en las vacaciones de verano visitará a sus papás pero que no tiene muchas ganas de ir porque el viaje es muy duro.

Me contó que para ir a Palestina debe viajar a Jordania y luego en la frontera con Israel coger un taxi que la lleve a la ciudad de sus padres cerca de Jerusalén en territorio palestino. De hecho, es pegado a Jerusalén sólo que está divido por un muro, “El muro”, me dice con ojos tristes.

El puesto de control en el borde es problemático, según ella, porque maltratan a los palestinos. Una espera que no dura más de tres horas se convierte en una pesadilla de horas sin fin. Depende del oficial para encontrar buen o mal humor, un trato justo o injusto, un grito o una explicación. La última vez que viajó a ver a sus papás tardó seis horas esperando con sus hijos menores de edad en la frontera porque a la oficial de turno caprichosamente le dio por dejar pasar a todos menos a ella.

Es interesante oír las historias de la gente, cómo las personas ven, entienden y explican su realidad. Cómo, según sus propias palabras, los trata el mundo, la vida. Un expat está en permanente contacto con otros mundos, otras realidades, otras historias de vida con cara y cuerpo que se presentan frente a él o ella. Y sólo de él o ella dependerá estar atento a esas realidades -porque en la vida internacional es fácil cerrarse y vivir en una burbuja-. Por eso uno, entiende mejor el ser humano en su extensión. No es fácil escandalizarse con comportamientos o formas de vida porque ellos tienen una cara conocida delante.


Y eso lo da ser expat porque la gente alrededor viene de familias, contextos, religiones, tradiciones, países, ciudades, pueblos, muy diferentes a los de uno. Y ahí está también el reto, como se diría en inglés, mantener firmes los principios y valores que uno tiene para no dejarse mover el piso. 

Llega un momento en que todo se vuelve relativo. !El famoso relativismo!

Monday, May 18, 2015

Volviendo al origen

Hace meses rondaba en mi cabeza la idea de dejar esta vida de expatriada, para unos tildada –exageradamente- de cómoda. Ya estaba viendo las desventajas especialmente ahora que mis hijos entran a la adolescencia y se aferran más a sus amigos. 


Dejar nuestro último post en Nepal fue muy difícil. Decirles adiós a los amigos, al colegio, los colegas, al trabajo, la ciudad, la gente, los que trabajaban con uno, los del mercado, la tienda, el restaurante, y un largo etcétera, fue complicado. Para resumir, dejar atrás una vida ya organizada es muy duro. Y empezar otra es aún peor.

Ahora encuentro una razón aún más fuerte para dejar la vida internacional. Vivimos en Nepal varios años y todos en la familia lo amamos. En mi caso, no sólo quise su gente sino que pude conocer de cerca su cultura, su geografía y un estilo de vida muy diferente al mío. Hoy, con esa tristeza que me invade desde hace casi tres semanas y que antier creció con el nuevo terremoto, veo otra razón enorme para dejar la vida de expat.

Hace 18 días me sentía impotente por no estar allá en el país asiático, no acompañar a mis amigos, ayudar y básicamente estar juntos y presentes en este terrible momento. Ayudaba desde aquí, en mi nuevo post, como podía: diseminando información, haciendo donaciones, hablando con todos sobre cómo es Nepal para crear solidaridad con los nepalíes. Pero en el segundo terremoto y en todas las réplicas que ha habido, siento que los efectos psicológicos, económicos y sociales son tan demoledores en los que están allá que he pensado que gracias a dios no estamos allá. Y hasta pensé que si yo estuviera ahí con mis hijos, saldría del país por su seguridad.

Me siento terrible al pensar que yo desde aquí no puedo hacer nada y que como no es mi país tengo la opción de no volver. A pesar de querer volver, el tiempo ahora no es el mejor y además mi esposo se reúsa.

Siento que desde mi “cómodo” puesto de expat, la tragedia me toca el alma pero no puedo hacer nada. Más allá de tener un vínculo de amor con el país, no tengo más. No tengo vínculos de sangre ni de trabajo ni económico. No soy necesaria allá. Nadie me espera ni nadie me necesita. Porque sí, viví allá y tuve amigos y conocí pero más allá de eso no hay nada más.

Y eso me parte el corazón.



Por eso, este blog no hablará exclusivamente de lo positivo que es vivir en el exterior, esa idea de vida expat tan rosa que a veces se tiene. Este blog hablará de la realidad de migrar a otros países, acomodarse, y luego marcharse. Será también como un camino de regreso a nuestro país de origen, porque el viaje a nuestras raíces ya empieza.